martes, mayo 10, 2005

Mirando canciones (XVI): Lover's Spit

Los estadounidenses cultos tienen una imagen de Canadá similar a la que los argentinos tienen de Uruguay; y es que es consideran a su vecino una versión simplificada, más modesta y más civilizada de sí mismos, y que se presenta como un recuerdo casi doloroso de lo que su sociedad podía haber sido -o fue- sin demasiado esfuerzo. Por supuesto que es una visión idealista y tan equivocada como la de los argentinos con respecto a la Banda Oriental, pero en algunos aspectos tienen un poco de extraviada razón. Por de pronto los canadienses han sido tradicionalmente un pueblo muy creativo en relación a su población y una cuna de excelentes músicos y letristas, si es que a alguien le siguen interesando las letras de las canciones.

En los últimos tiempos los canadienses encontraron una forma irresistible de apoderarse de los deteriorados espacios de la música más o menos independiente en el continente del norte; en lugar de luchar solos contra las irresistibles maquinarias de promoción de los artistas marketineros, los canadienses han hecho de los colectivos musicales una característica propia del país. Bandas compuestas como supergrupos alimentados por pequeñas formaciones indie, con más de 10 integrantes, con varios compositores y varias voces, generalmente de tendencia anarquista o símil. De estos colectivos el más sorprendentemente homogéneo y osado musicalmente debe ser el maravilloso Godspeed You Black Emperor!. En la otra punta, y haciéndose fuerte en su propìa variedad pop, está esa máquina de componer hits poco probables que son los New Pornographers. Y casi exactamente en el medio, entre la experimentación del viaje sónico colectivo y el calidoscopio de opciones pop, están los Broken Social Scene.

El caso de los BSS (prefiero llamarlos por las iniciales que por el nombre, que es asombrosamente feo) es ejemplar en cuanto a como, inclusive en los grandes circuitos comerciales, aún existe el boca a boca. Básicamente un combo de integrantes de bandas más bien ignotas de Montreal, el segundo disco de BSS, You Forgot In People, empezó, a pesar de su pobre distribución, a ganarse el fervor de la crítica indie y a capturar fans por todo el mundo que agotaban una tras otra de las ediciones. ¿El motivo? Muy simple: era un disco impresionante. Sin embargo, si uno lo escucha sin prestarle demasiada atención esto puede pasar desapercibido ya que, como buen colectivo, acumula ideas e influencias antes que señales distintivas, privilegiando la canción y el disco sobre la identidad grupal. De cualquier manera entre la variadísima y excelente colección de canciones se destacaba bastante la voz de Kevin Drew –que devolvía a Canadá los estilemas vocales de Neil Young tras filtrarlos por la desolación de J Mascis-, quién ponía las cuerdas vocales en ‘Lover’s Spit’, la más tradicional (en verios aspectos) y tal vez la más revulsiva canción del disco:

All these people drinking lover's spit
They sit around and clean their face with it
And they listen to teeth to learn how to quit
Tied to a night they never met...

You know its time that we grow old and do some shit
I like it all that way
I like it all that way...

All these people drinking lover's spit
Swallowing words while giving head
They listen to teeth to learn how to quit
Take some hands and get used to it...



J. G. Ballard tiene un libro extraordinario, uno de mis libros preferidos no sólo de él sino de todo lo que he leído, y que aún no ha sido lo bastante reivindicado. Se trata de La bondad de las mujeres (1991) una novela autobiográfica tan excepcional que es casi un nuevo género de por sí. En ella un Ballard inesperadamente emotivo habla de sí mismo a través de las mujeres que amó, lo cual sería un recurso bastante romántico si no fuera que este inglés, tercamente anti-romántico, elige un lenguaje confesional pero plagado de términos clínicos y distanciados, casi científicos. Esto es particularmente notorio en las largos fragmentos dedicados a describir relaciones sexuales, que son relatadas con un detalle extremo que bordearía lo porno si no fuera tan desapasionado y tan poco afecto a las metáforas. Sin embargo este recurso anti-romántico no altera la profunda emotividad del libro, la pone a prueba pero la preserva en una forma tal vez más genuina y sincera. Algo así pasa con ‘Lover’s Spit’

Si no fuera por la considerable reverberación del sonido general del tema y por lo notoriamente americano de la voz, que recuerda a las generaciones Buckley por momentos, podría pasar por una de esas baladas soul inglesas de los años ochenta, esas generalmente interpretadas por los tipos más blancos de todo el Reino Unido intentando infructuosamente sonar como negros. El tema de BSS tiene una melodía tan accesible y sólida que, si no fuera por la producción ligeramente psicodélica y por alguna crudeza de la letra (y porque los grupos buenos ya no le importan a nadie), podría haber sido un perfecto éxito de los programas nocturnos de FM para solitarios elegantes.


No es lo musical lo más llamativo de esta canción, que tiene una segunda y aún más desolada versión solo de piano y voz (esta vez la de la vocalista Leslie Feist) en el disco de rarezas y outtakes Beehives, sino la concepción lírica la que la convierte en un objeto especial en el que, de cierta forma, la relativa convencionalidad musical del tema choca contra las palabras. Desde la primera estrofa el tema deconstruye un beso en una hipérbole de la acción misma: beber saliva de tu amante. Pero inmediatamente vuelve a lo metafórico para decir que esos mismos amantes se limpian la cara con dicha saliva; en esta oscilación lo único que queda clara es la constante presencia material del fluído, de la baba.
La segunda estrofa reproduce casi los mismos versos, pero hace referencia a las palabras que se tragan durante el sexo oral, otra vertiente de la comunicación de los fluídos y la sustitución del lenguaje verbal, para culminar en una referencia al tacto, del tomar las manos de otra persona y acostumbrarse a ello.

Pero no es el cuerpo y sus productos el tema de la canción sino la edad; los estribillos reclaman la necesidad de crecer, de envejecer y hacer lo que hay que hacer (en el “some shit” la palabra “shit” no está utilizada en el sentido de “mierda” –aunque inevitablemente lo connote- sino de “cosas”, cosas pendientes). Es esa edad que el cantante treintañero –o más- ruega por aceptar la que otorga la posibilidad de contemplar el acto amoroso sin los filtros románticos de la mirada adolescente, en su realidad material, y la profunda emotividad de la canción implica la aceptación de esta cualidad orgánica y tangible, y como tal, desencantadora. Una aceptación que es desilusión y admiración a la vez, esos nudos sensitivos contradictorios cuya asimilación y comprensión son uno de los pocos regalos de la madurez. Un regalo de lucidez no deseada, que exige un sacrificio interior.

Vuelvo a Ballard, o tal vez no; la magnífica edición de Re/Search de The Atrocity Exhibition, tal vez la mejor re-edición posible de una novela contemporánea, incluye ilustraciones de la maravillosa Pheobe Gloeckner, quién encuentra la más asombrosa correspondencia plástica con el universo ballardiano. Esencialmente lo que hace, en sus mejores dibujos es reproducir cuerpos femeninos en situaciones eróticas (un fellatio, una masturbación) y corta esos cuerpos como si fueran dibujos de un libro de medicina, revelando la materialidad íntima, los músculos, los conductos, las glándulas, de la boca que succiona un pene o el dedo que estimula una vagina. Los dibujos, más que chocantes, son perturbadores y poseen una extraña belleza en su inusitada combinación de detallismo clínico y erotismo explícito. Una aproximación a un cruce de caminos secretos entre la ciencia y la pornografía, y al aún más secreto camino que va de esos campos al corazón.


Por alguno de esos lugares poco transitados anda ‘Lover’s Spit’, o por alguno de esos lugares me lleva a mí, que no es lo mismo pero hace el mismo efecto. Los BSS son todos compositores de más de treinta años, pero no es necesario ver una foto o leer una biografía para darse cuenta, ‘Lover’s Spit’ es una canción adulta dentro de un disco evidentemente compuesto por músicos con una cierta experiencia en la vida adulta. En una entrevista Kevin Drew, hombre afín con las declaraciones rimbombantes, decía que era un disco “para las personas que dejan sus casas buscando esperanzas”.

Tal vez sea así, pero esta canción me suena como a alguien que busca la esperanza dentro de su casa, no afuera, que busca la belleza de su amante cuando el deslumbramiento pasó, que la busca en lo conocido, en las pruebas palpables de la otra persona, en el entrevero de soledades de un postcoito, en lo que amamos por lo que es y no por su sueño. Es díficil hacer y encontrar canciones, libros y dibujos sobre algo así, pero es inevitable y necesario vivirlo, al menos si vamos a vivir y si vamos a querer.

Y tal vez al final no chocan las palabras con la música, que es la de una canción de amor, sino que se recuperan esos tiempos y acordes elegantemente sincopados para escribir otro tipo de canción de amor, de una clase que besa con la boca húmeda y con los ojos abiertos, redondos de maravilla y pánico a la vez.
.





<< Página Principal

This page is powered by Blogger. Isn't yours?

Suscribirse a Entradas [Atom]